La calle de Padilla lleva apellido de Juan de Padilla, uno de los tres célebres comuneros de Castilla, quien formase junto a Bravo y Maldonado el trío director de la rebelión comunera contra Carlos V.

Según recoge Federico Bravo Morata en su libro Las calles de Madrid, “Juan de Padilla, por Ávila; Juan Bravo, por Segovia; y Maldonado, por Salamanca, regidores los tres de las citadas provincias, se declaran abiertamente en contra de Carlos V, pero la suerte de la batalla se decide del lado de las tropas adictas al emperador, lo que ocasiona el apresamiento de los tres famosos comuneros, que serían ejecutados públicamente por personal disposición de Carlos V”.

A diferencia de los restos de Bravo y de Maldonado, que fueron trasladados a Segovia y Salamanca, respectivamente, donde fueron sepultados, los de Padilla fueron trasladados “provisionalmente” al monasterio de La Mejorada (Olmedo) y nunca volvieron a Toledo, probablemente como venganza del rey ante la persistencia de la rebelión en Toledo, de la mano de María Pacheco.

Su historia

Juan de Padilla nació en el seno de una familia hidalga toledana el 10 de noviembre de 1490, hijo de Pedro López de Padilla, regidor de Toledo, y su mujer Mencía Dávalos, sobrino por tanto también de Gutierre de Padilla, comendador mayor de Calatrava, y Diego López de Padilla, mariscal de Castilla.

Acuerdan su matrimonio con María Pacheco, de la noble familia de los Mendoza (de rango superior al suyo, más tarde fueron nombrados grandes de España), hija de Íñigo López de Mendoza y Quiñones, I marqués de Mondéjar y II conde de Tendilla. Contrajeron matrimonio en Granada el 18 de agosto de 1511, cuando él tenía veinte años y María quince.

Al morir su padre en 1518, le sucede en el cargo de capitán de la milicia de Toledo, a donde se traslada el matrimonio. Durante dos años vivieron en la villa toledana de Mascaraque. Probablemente enojado porque el rey Carlos I no le concedió un cargo al que creía tener derecho hereditario, y tal vez instigado por su mujer, se unió a los descontentos con el monarca en 1520 y se opuso a la concesión del servicio que el rey pedía a las Cortes de Castilla para financiar sus campañas en Europa.

Tras la rebelión, Juan de Padilla fue hecho prisionero y conducido a Villalar, donde fue decapitado al día siguiente (24 de abril de 1521). Con él fueron ajusticiados Juan Bravo y Francisco Maldonado, los tres líderes que se habían entrevistado con la reina y conseguido su apoyo.