La presencia de numerosas sedes de diversa índole es garantía de miles de visitas cada día a Padilla, sin alterar la tranquilidad de la zona. Sin duda, son varias las circunstancias que marcan el carácter de una calle, de un barrio e, incluso, de un municipio. Son sus gentes, sus comercios y las instituciones que en ubican su sede en las mismas. Entre todos dan vida a una zona y convierten en ‘barrios dormitorio’ a aquellas zonas que carecen de comercios.

No es el caso de Padilla, cuyos vecinos, comercios e instituciones dan vida al día a día de la calle. Entre estas últimas, hay claramente dos focos de actividad que mueven a miles de personas a diario. Son el colegio Calasancio y el hospital de Nuestra Señora del Rosario. Pero más allá de estas dos, tienen sede en Padilla las embajadas de Bélgica y la de Italia, aunque de ésta solo vislumbra el majestuoso jardín posterior. Hay espacios además para la cultura, con la Fundación Juan March y la administración, con el Instituto Nacional de Consumo, entre otros.

El Calasancio

Se trata de un Centro Escolar que acoge niveles de Educación Infantil, educación Primaria, Educación Secun- daria Obligatoria y Bachillerato, con cuatro aulas por nivel, y tiene un concierto económico-administrativo con la Administración del Estado para el mantenimiento de la enseñanza obligatoria.

El colegio fue tradicionalmente de chicos, hasta que en 1985 se dio paso a la coeducación. El Calasancio está regido por la Escuela Pías, a través de su provincia llamada Betania desde el 2012, que es la propietaria del Centro.

Lo cierto es que el centro educativo, cuya entrada principal se encuentra en la confluencia con Conde de Peñalver, es un foco de vida para este tramo de la calle, con el ir y venir de los estudiantes y sus familias.

El hospital

Sin duda, el otro gran foco de atracción es el hospital Nuestra Señora del Rosario, un Hospital Católico, gestionado por la Congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana fundada en 1804 por la Beata María Rafols y el Padre Juan Bonal en el Hospital Real y General de Ntra. Señora de Gracia de Zaragoza.

Fue hace 125 años cuando la Madre Candelaria Marmuyed acompañada de otras Hermanas de la Congregación emprende camino a Madrid para junto con D. Francisco Méndez, capellán del Rey Alfonso XII y perteneciente a la Orden de Caballeros Hospitalarios, atender en consultas gratuitas a personas de escasos recursos.

Con el tiempo las hermanas amplían su actividad comprando una casa, en un descampado en las afueras de Madrid, en la actual calle de Castelló, donde se dedican al cuidado y atención de convalecientes que salen del hospital y no tienen quien les atienda ni donde acogerse.

Así el 22 de Marzo de 1889, con la asistencia de la Reina Dña. Mª Cristina, se inaugura el Hospital Nuestra Señora del Rosario, que en aquel momento es denominado Casa de Salud y Convalecientes.

Hoy es centro de reconocido prestigio.

Movimiento constante en el rosario. Llegadas a Madrid, las Hermanas de la Congregación compraron una casa en la calle de Castelló, que por aquel entonces no dejaba de ser las afueras de Madrid. Hoy, el centro hospitalario es foco de visitas constantes, ya que además de hospitalización tiene zona de consultas. El centro cuenta con aparcamiento subterráneo de pago.